21/7/08

Reportaje a Martín "Ruta 8", un escritor obrero

REPORTAJE A MARTÍN “RUTA 8”Un escritor obrero
Por Demian Paredes
Fui a la Casa Cultural “Karl Marx”, de San Martín (GBA). Allí me encontré con Martín “Ruta 8” (nombre en homenaje a compañeros militantes desaparecidos allí); un compañero de los que no abundan: además de ser militante, es un activo escritor. Esta entrevista surge a raíz de una iniciativa que ha tenido ante el próximo Encuentro Nacional de Mujeres, que se realizará en Neuquén. Aquí Martín comenta de qué se trata. Vamos a charlar más de una hora de literatura –como no podía ser otro el comienzo de nuestra charla-, la que leía él de chico; de la militancia política en los ’70; de su experiencia con el PC y su acercamiento al trotskismo y al PTS, entre muchos otros temas.
Hombre de gran sensibilidad, humildad y sencillez, Martín terminará nuestro encuentro frente al grabador con una reafirmación de sus convicciones revolucionarias.
Cuando el grabador se apague, la charla seguirá sobre muchos otros temas más. Tenemos un compañero lleno de vitalidad y energía, que me dice “recién he cumplido 75 años”. Con 6 libros ya publicados (Memorias de un caminante, Hechos para no olvidar, Un disparo a la sociedad, Un extraño viaje al país de los guaraníes y La tragedia del Quequén) de relatos, cuentos y poemas, su último libro es El loco de los pájaros. Me dice que ya saldrá, para fin de año, su primera novela (El hombre de la tigra). Y tiene otra en preparación, y varias ideas más…
Invitamos a los lectores a conocer a Martín.
-¿Querés contar un poco sobre tus primeros años?
Mis primeros años de joven, como otros chicos, hice deportes; natación, caza, pesca, fundamentalmente tiro.
-¿Vivías en un pueblito llamado, cómo...?
Mi pueblo se llamaba Juan N. Fernández: es un pequeño pueblo perdido en la tremenda provincia de Buenos Aires; muy pegadito al mar, a unos 80 kilómetros de Necochea.
-Y todavía existe…
Sí sí, ahí fui justamente a presentar mi libro… Desde muy chico tomé contacto con la literatura: a los 10 años yo escuché a un ruso acá, en un encuentro de Literatura mundial, decir que cuando uno lee un libro bueno, no se lo olvida más. Yo leo Los miserables de Víctor Hugo, a los 10 años… claro: no tenía bases para entenderlo. Pero ya cuando leí Los trabajadores del mar, también de Hugo, entonces también me impactó, y mucho más. Entonces tendría, tal vez, 15 años.
En ese año, cuando yo tenía 15 –año ’46-, hubo un best seller de Erich Maria Remarque: Sin novedad en el frente. Allí pasaba de todo.
Remarque es un hombre que está contra la guerra; siempre se opone a la guerra, en éste y en todos sus libros: Andrés camarada, Arco de triunfo, De regreso… y el último libro que yo leí es Tiempo de vivir y tiempo de morir. Estamos hablando de Erich Maria Remarque que es alemán.
Y después tuve la oportunidad de leer lo que es para mía “las plumas de oro” de Rusia: desde Nicolás Gogol, Turgueniev (estamos hablando de 1850, dentro de Rusia), donde la vida es muy pero muy dura. En Almas muertas…
-De Gogol
De Gogol, sí. Ahí vos ves que la vida del campesino ruso no tenía valor. Y cuando escribe Taras Bulba ahí se ve un gran nacionalista. Porque el protagonista mata a su hijo porque se enamora de una princesa polaca. Y para el cosaco había dos enemigos de Rusia: los tártaros y los polacos.
-Todo esto de muy jovencito lo leíste… ¿ibas a la escuela primaria o trabajabas? ¿O trabajabas y estudiabas?
Hice primaria y fue muy mala la experiencia, porque yo cuestionaba todo el orden establecido y no tenía base. Había algo que me querían imponer y me rebelaba. Tal es así que yo lo he reconocido públicamente. Esta profesora de literatura y lengua de mi pueblo me decía –aquella vez que fui a presentar un libro mío- que yo en aquel momento debo haber sido un niño…
-¿Rebelde?
Usaba un término más pedagógico: indisciplinado. O sea, rebelde con 10 años. Después de leer a Gogol leo a Dostoievsky, a Antón Chejov. Leo –lógicamente, más adelante- a Sergio Esenin, que es el poeta que le cantó mejor que nadie –según Trotsky- a la revolución. Y este hombre luego se mata, decepcionado de la revolución. Y Trotsky en el entierro dice algo así como “Bueno, no lo pudimos tener con nosotros, pero aún así que vivan los poetas”.

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